Carta a La Muerte



Causa de lloros y llantos.
Cooperadora del tiempo.
De huida eres el intento.
de quien vive en desencanto.

Tu llegada inevitable.
A esperanza no hay cabida.
Tan ligada con la vida.
Eternamente inseparable.

Hallo me desconcertado,
¿Dime por qué no me escribes? 
¿por qué tú, La Muerte, vives,
y no los que te has llevado?

¿Por qué nunca me contestas
acaso eres vergonzosa?
2 de septiembre Las Rozas 
Ansioso espero tu respuesta

Amor-Odio



Amo el amor al odio,
odio amar al amor,
pues el amor logró: el dejar de odiar al odio,
aunque nunca dio calor.

Amar el amor; es odiar el amor propio.
Pero amar el odiar, no es odiar al amor.
Al amor lo amo con odio,
aunque “no odiar” no es amar mejor.

¿Y… no amar?, ¿significa odio?
¿Y si el odio y el amor se ausentan,
y si ambas son ideales por episodios
en una serie de amor-odio que nos alimenta?

¿Se puede odiar el amor al odio,
cuando el amor se incrementa?
Un odio que ama sin amar, transitorio,
al amor que ellos presentan.




Nosotros






Nosotros, que: 

Jugamos a querer
queriendo amar.
Deseando tener,
tuvimos que olvidar.

Marchose mi ser.
Siendo el ganar:
poder aprender,
querer actuar.

Nosotros:

Que encontramos en la nada el todo.
Diálogo abierto entre pupilas.
Cuando el silencio llenó el aforo
de este teatro llamado vida.

Tu piano acompañó mi solo.
Mi iris reflejado en tu retina.
Tú, la pureza del agua en mi barro.
Yo, terremoto en tu Capilla Sixtina.

¡Ay!
Ahora como te extraño
compañera de vivencias.
Tú que sanas y haces daño.
Tú que estás en mi, conciencia.